¿Oficina, home office o modalidad híbrída?

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El trabajo remoto existe formalmente desde la década de 1970, pero fue durante la pandemia del COVID-19 cuando se extendió y se transformó en una alternativa para hacer frente a la crisis laboral y económica que implicó la cuarentena. Hubo empresas que se adaptaron rápidamente e implementaron la modalidad de home office, mientras que otras, por el tipo de servicios ofrecidos (como los de delivery de comida), encontraron su propia manera de sobrevivir. Una vez que todo volvió a la "normalidad" muchas empresas sostuvieron el home office; otras decidieron regresar a la presencialidad, y algunas encontraron en la modalidad híbrida un punto intermedio. Aproximadamente desde ese momento, el debate gira en torno a qué modalidad funciona mejor. Por supuesto, hay todo tipo de argumentos que defienden y detractan a cada una de las modalidades, y es lo que vamos a explorar en este artículo. Oficina: modo presencial La mayor ventaja que tiene la presencialidad es la interacción espontánea entre las personas: las conversaciones informales, el intercambio inmediato, la posibilidad de resolver situaciones en el momento y el sentido de pertenencia, todo eso se construye cuando se comparte un mismo espacio. También es fundamental cuando hay equipos que necesitan coordinación constante o que están en proceso de formación, y en instancias de creatividad colectiva, donde la dinámica presencial aporta energía y fluidez. Sin embargo, la presencialidad total también implica desafíos: tiempos de traslado, menor flexibilidad y, en algunos casos, menor conciliación entre la vida personal y laboral.  Home office: modalidad remota El trabajo remoto demostró que muchas tareas se pueden hacer con la misma o incluso mayor eficiencia desde casa. Eliminar los tiempos de traslados permite reorganizar tareas y, para muchas personas, estar en su propio espacio le sirve para concentrarse más y desarrollar autonomía. Además, uno de los puntos que se destacan respecto al home office, es que amplía las posibilidades de contratación, permitiendo incorporar talento sin límites geográficos, desde el punto de vista de las empresas; y, desde el punto de vista de las personas, les permite trabajar desde cualquier lugar del mundo, inclusive mientras se encuentran de viaje. Los principales desafíos que tiene esta modalidad es que la comunicación debe ser más intencional, los límites entre trabajo y la vida personal pueden desdibujarse y no todas las personas se sienten igual de cómodas trabajando de forma aislada. También es necesario tener en cuenta que hay empresas que proveen todas las herramientas necesarias para que la gente trabaje desde su casa, aunque eso no ocurre en todos los casos.  Esquema híbrido: modalidad mixta El esquema híbrido surgió como un intento de integrar lo mejor de ambos mundos. La mayor ventaja es que posibilita encuentros presenciales estratégicos con jornadas de trabajo remoto enfocadas. Cuando se implementa en forma adecuada, puede fortalecer el vínculo del equipo sin resignar flexibilidad, pero requiere acuerdos claros: si se plantea que el esquema implica "dos días en la oficina y tres en la casa", es necesario definir -por ejemplo- para qué se utiliza cada espacio, cómo se organizan las reuniones, cómo se garantiza la equidad entre quienes están presencialmente y quienes trabajan en remoto. La modalidad híbrida necesita diseño, por eso nos referimos a ella como "esquema". Entonces, volviendo al debate sobre cuál de las 3 modalidades es mejor: en realidad, el éxito va a depender mucho más de la cultura organizacional que sostiene la modalidad que la modalida en sí misma. Una empresa con comunicación clara, liderazgo cercano y objetivos bien definidos puede funcionar tanto con personas trabajando de manera remota como presencial. En cambio, una organización con problemas de coordinación o confianza difícilmente resuelva esas tensiones solo cambiando la modalidad. Antes de elegir entre oficina, home office o esquema híbrido, vale la pena preguntarse: •¿Qué necesita nuestro negocio en este momento? •¿Qué tipo de interacción favorece nuestro trabajo? •¿Cómo se sienten nuestros equipos con cada modalidad? •¿Estamos preparados para gestionar por objetivos y no por presencia? De esta forma, va a resultar mucho mejor la toma de decisiones coherentes con la identidad y los objetivos de la organización. Y, ya que estamos, obviamente aprovechamos para contarte que en LUMINA acompañamos a las empresas, y parte de ese acompañamiento incluye pensar qué modalidad se adapta mejor a su realidad, diseñando esquemas que contemplen tanto el negocio como el bienestar de las personas. Si te interesa saber cómo podemos ayudarte, conversá con nuestro equipo.